La discusión sobre el pacto antialianzas firmado entre PAN y PRI secuestró la sesión de ayer en la Cámara de Diputados que transcurrió en medio de acusaciones, recriminaciones y calificativos mutuos entre panistas y priístas.
Cd. Nezahualcóyotl, México, 10 de marzo del 2010. Por Héctor A. Mercado T.-
El reciente escándalo por la revelación pública del acuerdo tomado en lo oscurito entre el PRI y el PAN, donde los priístas canjearon con los panistas el compromiso de no hacer alianzas electorales en el estado de México (se entiende que con el PRD), a cambio de admitir los aumentos de impuestos contenidos en el paquete fiscal propuesto por Felipe Calderón a finales del año pasado, puso en evidencia una serie de perversidades de ambos partidos, a saber: la traición de los priístas a sus votantes (y a todos sus representados) mediante el apoyo al gobierno panista para aumentar los impuestos a cambio de conservar una plaza política y para proteger al gobernador Peña Nieto; la falta de escrúpulos de ambos representantes de dichos partidos; las mentiras, traiciones y marrullerías mutuas; y el intento de seguir engañando a todos los ciudadanos una vez revelados los hechos, en lugar de ofrecerles disculpas.

Para el PRI, cuya obsesión es recuperar la presidencia de México, es importante evitar un descalabro electoral en el 2011 en el estado de México, de manera que una eventual alianza electoral entre el PAN y PRD ahí, tendría que ser evitada a toda costa. Queda claro entonces que esta prioridad no sólo es por la gran cantidad de votos que aporta el estado de México en las elecciones federales, sino porque un tropiezo electoral en dicho estado significaría menguar también su mejor carta para la candidatura presidencial, el gobernador Enrique Peña Nieto, al cual han venido perfilando mediante una mercadotecnia simulada. Ahora bien, como el PRI le estaría pasando la factura al pueblo para que pagaran más impuestos, tenía que cubrir las apariencias tratando de el PAN cargara con esas medidas antipopulares, de ahí que en la votación del Senado para ratificar el paquete fiscal lesivo a los ciudadanos, los priístas se ausentaron en un número calculado para abstenerse de votar afirmativamente. Con ello, cumplirían de algún modo su palabra empeñada con los panistas sin ser exhibidos abiertamente como cómplices de ese latrocinio. En cuanto al PAN y el gobierno federal cuyo fracaso es evidente, era importante seguir cobrándole la factura de la crisis a los contribuyentes, mientras que aparentemente el estado de México bien valía una misa, pero la maniobra de los priístas en el senado les dio el pretexto perfecto para romper el acuerdo chamaqueando al PRI.

Está claro entonces que este tipo negociaciones como la que protagonizaron el PRI y el PAN a espadas a la sociedad, con actitudes mezquinas y facciosas, salpicadas de mentiras y traiciones mutuas, representan una burla a los mexicanos, además de que no abona a favor de la democracia, sino que el desaseo de los políticos involucrados en la multimencionada negociación, refuerza el desprestigio de la política que en sí misma no es más que un instrumento necesario para resolver conflictos sociales.